Ayer lunes llegué a Foz por la tarde, a eso de las 16:00 h. Allí estaba Javier Cantil, echando un ojo desde Os Fondás. Nada nuevo bajo el sol en la ría… Bueno, sí. Unos animosos grupos de Charadrius hiaticula, Limosa lapponica, Calidris alpina, etc… También un Pluviales squatarola y algún Calidris alba.
Ya nos íbamos hacia Rinlo, cuando viene volando del exterior del intermareal un ejemplar de Pandion haliaetus con un pez entre las garras, posándose en un pino de la orilla este (E). La rapaz desaparece entre las ramas, y nos deja con un palmo de narices.
En fin, menos da una piedra.
Llegamos a Rinlo entre los cantos de los fringílidos y un buen montón de lavanderas boyeras buscando pitanza en un terreno arado, todas ellas de la subespecie Motacilla flava iberiae.
Mi idea –para que ocultarla- era sacar la esquiva Locustella naevia, pero la buscarla no se dejó.
Javi tenía ganas de ver el bisbita de richard, así que lo intentamos en el prado habitual de invernada de la especie. Al rato levantamos un ejemplar, que emite su característico reclamo. La verdad es que me vi sorprendido por la fecha; no albergaba yo demasiadas esperanzas de encontrar algún ave, pero esta primavera loca…
Después de un par de idas y venidas el ave acaba parándose en un tendido eléctrico, donde Javi puede observarla a placer por unos instantes (yo no, el móvil no paraba de sonar…). Pero el caso es que la sorpresa fue en aumento cuando vemos que dos individuos más de esta misma especie de bisbita llegan al cableado. Y esta vez si las disfrutamos con calma.
Unos minutos después optan por echarse al pasto, donde las dejamos tranquilas. En ese mismo herbazal resistían todavía un par de bisbitas comunes, perezosas a la hora de emigrar.
Unos metros más abajo la primera Sylvia communis de la temporada en una mata de Rubus, y al poco otra, y otra... Parece que hubo una entrada fuerte de la especie. Una pareja de collalbas grises rebuscan entre los terrones en busca de insectos, el macho presentando una magnífica librea.
A punto de llegar al coche y de despedirnos oigo un reclamo que no por poco común en ciertas zonas de Galicia es menos característico: el del triguero. Un macho cantor posado en lo alto de una estaca vomita el trino a toda el área. Celoso de su congénere, otro Emberiza calandra asoma desde una mata herbácea para marcar su parcela. Ya son dos. Poco a poco la primavera marca su impronta.
Con grupos de Motacilla flava elevándose de los campos dejamos la cosa para otra ocasión. Ya están aquí los migrantes de segunda oleada ( 2ª generación, como me gusta decirles).
martes, 15 de abril de 2008
viernes, 11 de abril de 2008
¡¡Mamma mia, Circus macrourus en Galicia!!
Lo de ayer fue de locos. De veras, de locos.
Sentado en la silla de mi estudio mientras acabo de redactar un informe para el trabajo, suena el móvil. Lleva ya tres días cayendo agua sin parar, aunque en este momento en el que el reloj del portátil señala las 17:50 h. el cielo parece querer dar una sincera tregua.
La llamada procede del teléfono de David Martínez, pero en cuanto descuelgo ya caigo en la cuenta de que quien está al otro lado no es el propietario del móvil, sino Ricardo Hevia que, con una voz entrecortada me informa de una manera desordenada –sin duda debido a la emoción del momento- que tanto él como David han observado un Circus macrourus y un Elanus caeruleus en la playa de Morouzos.
No me lo pienso ni un instante. Calzo las botas, agarro el telescopio, y salgo como un cohete hacia Ortigueira. En los 20 minutos que me llevó llegar al lugar donde mis compañeros esperaban no paraba de elucubrar sobre si había citas previas en Galicia del aguilucho papialbo. No hay, no.
Y se cuentan con los dedos de una mano las observaciones de elanio en la provincia de A Coruña y, quizás con un dedo, las citas en la costa de nuestra Galicia.
Llego a la playa de Ortigueira, y allí me esperan mis compañeros y el elanio posado en un pino.

Ejemplar adulto de Elanus caeruleus sobre un pino. (David Mtz.Lago)
Aprovecho para ponerme “al loro” del tema. Parece ser que el Circus había sido localizado por Ricardo volando frente al embarcadero de Ladrido, mientras que David arribaba al lugar. Ambos siguieron a la rapaz en sus vuelos -a considerable distancia- hasta que se posó. Lo observaron con deleite, y finalmente dispararon con el telescopio a 60x y sin adaptador, las tomas que se obtuvieron no fueron lo que se dice buenas. Pero menos da una piedra…
Después el animal arrancó volando hacia el sistema dunar de la playa, hasta donde lo siguieron con los teles mientras el elanio aparecía en el terreno de juego. Increíble.

Vista lejana lateral derecha del Circus macrourus de Ortigueira. A pesar de la distancia se aprecia el llamativo color rojizo del ave así como el contraste entre las secundarias oscuras y las primarias internas claras. (David Mtz. Lago).
Y en esas estábamos, viendo al Elanus –un adulto, por cierto- y a la procura del aguilucho papialbo. Tras andar unos 100 metros ya lo tenía en mi retina…”¡¡ahí, ahí!!”, advertí.
Lo seguimos durante unos instantes, llamando muchísimo la atención sus tonos corporales anaranjados, sus oscuras secundarias, esos bordes interiores claros en las primarias, su vuelo estable (personalmente opino que nada que ver con el aguilucho cenizo), su menor tamaño de obispillo y, de manera muy patente, esa famosa “boa” clara flanqueada de una oscura hacia el cogote.
Desapareció tras unos tojales. Lo buscamos y lo rebuscamos casi una hora, haciendo caso omiso a los cernidos del elanio. “Dentro de dos días nos acordaremos de este elanio y del poco caso que le hemos hecho”, nos decíamos.
Debían rozar las 19:30 hs. cuando Ricardo miraba al elanio mientras hablaba por teléfono y, a la vez, el macrourus se le atravesaba en el visor. Casi a un tiempo lo pillábamos David y yo, siguiéndolo por espacio de unos 300 metros mientras planeaba sobre el campo dunar, desapareciendo tras la arena.

Vista parcial del campo dunar este (E.) de la playa de Morouzos. (J.M.A.Pumar)
No hay dudas. ¡¡Qué primarías, qué secundarías, pedazo boa…!!. Comentábamos la sensación de un ligero menor tamaño que sus congéneres. Nos fuimos a por él, sin éxito.
Motacilla flava, Oenanthe oenanthe, Alauda arvensis marcando territorio, fringílidos…
A las 20:05 h. lo veo de reojo por unos segundos volando bajo sobre un juncal cercano, hasta que vuelve a desaparecer tras una duna. Lo esperamos de nuevo, pero nada. Una lechuza común (a plena luz diurna), un ratonero, un cernícalo vulgar... David me comenta que antes habían visto una hembra de halcón peregrino y un gavilán.
La fiesta de las rapaces, vaya. El primer elanio para la comarca y el primer Circus macrourus para Galicia. No está mal.
¡¡Mamma mia, que día!!.
Última hora: me advierte Pablo Gutiérrez de que esta mañana el aguilucho continuaba en la zona. Así que el que quiera…
jueves, 10 de abril de 2008
Chotacabras egipcio
Enlazo una pequeña crónica -con buenas imágenes- de lo que se supone es la primera observación nacional de chotacabras egipcio (Caprimulgus aegyptius).
El ejemplar fue encontrado exhausto hace aproximadamente un año en Pájara (Fuerteventura) y entregado a los responsables del cabildo insular.
Merece la pena echarle un ojo a esta interesante cita.
El ejemplar fue encontrado exhausto hace aproximadamente un año en Pájara (Fuerteventura) y entregado a los responsables del cabildo insular.
Merece la pena echarle un ojo a esta interesante cita.
En estado de shock
Así es cómo me encuentro, alucinando.
¿Por qué? Seré breve y no explicaré la causa, es suficiente con que pulséis aquí y lo descubráis por vosotros mismos.
Sólo advertiré de que el post colgado en el interesante blog de Sergio París no trata un tema ornitológico estrictamente, aunque bien pudiese referirse al águila imperial ibérica o el urogallo, por poner un par de ejemplos.
Merece la pena leerlo para indignarnos un poco al conocer a que personajes estamos pagando el salario con nuestros impuestos, ahora que estamos velando armas de cara a la declaración del IRPF.
Alucinante.
¿Por qué? Seré breve y no explicaré la causa, es suficiente con que pulséis aquí y lo descubráis por vosotros mismos.
Sólo advertiré de que el post colgado en el interesante blog de Sergio París no trata un tema ornitológico estrictamente, aunque bien pudiese referirse al águila imperial ibérica o el urogallo, por poner un par de ejemplos.
Merece la pena leerlo para indignarnos un poco al conocer a que personajes estamos pagando el salario con nuestros impuestos, ahora que estamos velando armas de cara a la declaración del IRPF.
Alucinante.
sábado, 5 de abril de 2008
Breve: Tringa stagnatilis en Galicia y fotos de Larus glaucoides
Escribo esta escueta nota para informar de que ayer mismo Antonio Sandoval localizó un Tringa stagnatilis en la coruñesa ría do Burgo.
Cita nada desdeñable por estos lares, vive Dios. Dejo el enlace con el blog de Toñete aquí.
También cuelgo un par de fotos obtenidas anteayer jueves 03/04/2008 -y amablemente cedidas- por David Martínez Lago en las que se aprecian los 2 ejemplares de Larus glaucoides presentes en la playa de A Concha, Cariño.

Superposición de las 2 Larus glaucoides presentes en la playa de A Concha. Foto:D.Mtz.Lago.
Y otra vista más cercana...

Obsérvese el desgastado plumaje primaveral propio del 1ºinvierno desgastado. Foto:D.Mtz.Lago
Última hora: Comenta el compañero Xabi Varela que esta misma mañana (05/04/08) el archibebe fino continuaba en el intermareal coruñés. También a eso de las 16:30h. he observado a una de las gaviotas groenladesas posada en el tejado de una nave portuaria en Cariño.
Cita nada desdeñable por estos lares, vive Dios. Dejo el enlace con el blog de Toñete aquí.
También cuelgo un par de fotos obtenidas anteayer jueves 03/04/2008 -y amablemente cedidas- por David Martínez Lago en las que se aprecian los 2 ejemplares de Larus glaucoides presentes en la playa de A Concha, Cariño.

Superposición de las 2 Larus glaucoides presentes en la playa de A Concha. Foto:D.Mtz.Lago.
Y otra vista más cercana...

Obsérvese el desgastado plumaje primaveral propio del 1ºinvierno desgastado. Foto:D.Mtz.Lago
Última hora: Comenta el compañero Xabi Varela que esta misma mañana (05/04/08) el archibebe fino continuaba en el intermareal coruñés. También a eso de las 16:30h. he observado a una de las gaviotas groenladesas posada en el tejado de una nave portuaria en Cariño.
jueves, 3 de abril de 2008
¿Sin glaucoides?. No señor.
¡¡Menudo invierno “polar” que hemos tenido este año en Galicia!!. Desde hace un tiempo he venido comentando esta bonanza con mis buenos amigos Ricardo Hevia y L.J.Salaverri. No menos de 8-9 ejemplares diferentes de Larus glaucoides se han podido observar en la costa gallega durante las pasadas semanas, algo no demasiado usual, máxime si lo comparamos con la paupérrima cantidad de gaviones hiperbóreos registrados.
Y es que, a pesar de lo tibio del invierno, las gaviotas groenlandesas –como gustan de llamarlas ahora- han ido cayendo por goteo en las costas de la cornisa cantábrica y, de soslayo, en parte de la fachada atlántica gallega.
Quien escribe llevaba hasta esta semana un par de ellas encontradas, ambas en la piscifactoría de Xove, en compañía de Salaverri la primera y de la pandilla catalana formada por Rafa Armada, J.L. Copete y Ferrán López la segunda. Ni un movimiento más para intentar otras, y eso que el ave que eligió Cedeira como residencia invernal estaba como quien dice al lado de casa. Pero si no era encontrándola yo mismo no me ponía el tema, para que engañarnos.
Pero en la mente del bueno de Ricardo Hevia rondaba un detalle que lo tenía desconcertado: “está siendo un año buenísimo de polares en Galicia pero, en Cariño, ni las vemos” repetía con cierta frecuencia.
Efectivamente, la playa de A Concha pasaba por una “crisis gaviotil” sin precedentes en tiempos recientes, y los registros de láridos interesantes –bien fuese de esta especie u de otra igualmente apetecible- no llegaban. Lo que convertía al tema en frustrante era, si cabe, las equiparaciones con la temporada anterior. Si ya de por si las comparaciones son odiosas, esta era especialmente hiriente; hay que tener en cuenta que dos L.hyperboreus, una L.glaucoides (2º/3º invierno, para más inri), una L.sabini, varias L.delawarensis de todas las edades y, hasta una Larus smithsonianus, se habían dejado caer por el arenal cariñés en el período 2006-2007. En total la nada desdeñable cifra de 14 especies de láridos...¡¡ y eso porque no nos llegan Larus genei o Larus audouinii !!.
Si nos remontamos todavía más en el tiempo, un año antes, el primer aviso de la notoria caída de Larus atricilla en la península Ibérica también se produjo en nuestra playa. Impresionante.
Y no hace tantos días que Pablo Gutiérrez registró un ejemplar de Larus philadelphia en la cariñesa ensenada de Feás (ver aquí). Pero la playa estaba gafada…
Una de las mecas para los gavioteros de la península pasaba por una crisis sólo comparable a la que Ronaldinho atraviesa en el Barça. Claro que la playa no sale de juerga…
Hasta que días atrás, con vientos de componente N-NW cayó esta…

Larus glaucoides 2º año calendario aparecida hace unas fechas. Foto:R.Hevia.
… y Ricardo respiró hondo.
Ciertamente, los vientos nórdicos de procedencia polar suponen en Cariño un estímulo discriminativo para salir a buscar gaviotas blancas.
Luego de unos días de estancia, “la polar” pareció desaparecer, hasta que anteayer martes David Mtz. Lago, Ricardo y yo la hemos vuelto a encontrar sesteando entre otros láridos, al calor de los suaves rayos primaverales. Y ayer, a nuestra salvadora se sumaba esta otra…

Larus glaucoides 2º año calendario. La segunda en A Concha en pocos días. Foto: R.Hevia.
O sea, dos. Con estos sitios sucede lo que con los buenos equipos de fútbol: cuando parecen medio muertos van y resuelven el partido…¡¡y por goleada!!. La cosa pintaba mal, el invierno se había terminado, pero… Hasta el rabo todo es toro. Y vaya toro.
NOTA: anteayer martes, además de la L.glaucoides, David Mtz. Lago, Ricardo Hevia y yo pudimos ver –entre otras cosas- lo siguiente:
- 3 Larus marinus
- 3 Gavia immer casi estivales (uno, de cine)
- 2 Podiceps auritus nupciales
- 1 presumible hembra de Pandion haliaetus
- 2 Puffinus puffinus nadando frente al puerto.
miércoles, 2 de abril de 2008
Me gusta Rinlo
De semana en semana, siempre que mis quehaceres profesionales me lo permiten, me paso por los más interesantes prados que –todavía- nos quedan en la ya maltrecha rasa costera lucense. Lo que están haciendo las promotoras inmobiliarias en la costa de Barreiros no tiene nombre, y la anuencia (cuando no complicidad) del concello no tiene perdón… Lamentable.
Decía yo antes de este desahogo que, siempre que puedo, me escapo a este mágico lugar, en concreto al amplio mosaico de fincas a caballo de la parroquia de Rinlo y el lugar de Meirengos, con la punta Corveira al frente. Más allá de Ortegal, es mi lugar fetiche, por qué no admitirlo.
Y eso que todavía estoy a la espera de esa megarareza en forma de passeriforme que sé algún día caerá. Al tiempo…
Las prisas no me apremiaban el pasado lunes, así que mi idea era la de patear por espacio de un par de horas las pistas que bordean las fincas, disfrutando de una soleada tarde primaveral que se gustaba a si misma como hacía semanas que no lo hacía. Pronto me di cuenta de que la cosa se presentaba ociosa.
Tras colgar los prismáticos al cuello, montar trípode y telescopio al hombro y, por supuesto, preparar la cámara (por si las moscas) empiezo la caminata, envuelta la atmósfera de un extraño silencio. La explicación a este mutismo y el primer sobresalto tardaron sólo 50 metros en cruzarse –nunca mejor dicho- en mi camino.
Una potente hembra de gavilán y quien escribe nos sorprendimos a lo unísono al toparnos de bruces -a escasos 6-7 metros- mientras el accipítrido se merendaba en el suelo una suerte de Sturnus unicolor o Turdus merula macho que no di a distinguir. La rapaz, que estaba afanada en la pitanza de espaldas a mi, no me oyó llegar y yo, torpe de mi, no reparé en su presencia.
Salió pitando, pero sin saberlo la cosa se le iba a complicar sobremanera; desde una torre eléctrica una pareja de Falco tinnunculus vigilaba su feudo y, a esos sí, yo los había visto. Instintivamente alcé la vista para ver como respondían los cernícalos al intruso, pero por aquel entonces el macho de la falcónida ya caía como un rayo sobre el gavilán que, sin beberlas (que no comerlas) se encontraba en medio de una guerra a la que nadie lo había invitado. La hembra de cernícalo advirtió en la segunda pasada seria, saldada con algunas plumas arrancadas.
La trayectoria del Accipiter nisus tenía como parada y fonda un bosquete de eucaliptos distante unos centenares de metros en el horizonte, con dirección a los cuales ya había señalado el rumbo. Y a la tercera se armó el belén.
La rapaz azul y roja cual culé, con una energía como yo nunca había visto en esta especie, se abalanzó sobre la espalda del gavilán y clavó sus garras en su dorso con inquina. La altura de vuelo de la tripleta (mirlo/estornino, gavilán y cernícalo) descendió casi hasta rozar el verde, una nube de plumas saltaron por lo aires, y con paquete y mochila al lomo aguantó el accipítrido el tipo como buenamente pudo por espacio de unas eternas decenas de metros. Luego el cernícalo dio la guerra por finalizada, una corneja negra llegó tarde a la diversión y, el perjudicado protagonista, fue capaz de alcanzar la foresta -no exento de dificultades- sin desprenderse de la merienda. Impresionante.
Después de semejante escena –de la que en parte me sentía desencadenante- los campos comenzaron a recobrar sus sonidos. Alondras en vuelo suspendido, fringílidos por doquier, acentores encaramados en las zarzas… Primavera, vaya.
En su lugar de siempre tiento a las Bisbitas de Richard, levantando 4 ejemplares, de las que una –muy curiosa- se deja fotografiar a placer.

Anthus richardi. Vigilante ejemplar presente en Rinlo.
Tras unos cortos vuelos sobre mi cabeza acaban por descender a su prado predilecto, donde las dejo en paz.
Giro de 180 º para mirar al mar, donde localizo una balsa de no menos de 66 Puffinus puffinus, acompañadas por alcatraces, gaviotas, etc… De fulmar ni rastro, por supuesto. En la Pena dos Corvos, un Phalacrocorax carbo con su lustroso plumaje estival acompañaba a 7 Phalacrocorax aristotelis, tres de ellos anillados por lo compañeros asturianos en las próximas islas Pantorgas.

Phalacrocorax carbo y joven P.aristotelis, este último anillado como "PX".
Tuve la posibilidad de leer los tubos PVC rojos de dos (un joven “PX” y un adulto “JV”) pero el tercero, soleándose tumbado sobre la roca, no me facilitó la tarea. En los tojales cercanos las persecuciones entre pardillos denotaban el nivel hormonal de los animalillos, alguno como el de abajo, llegando a desafiarme.

Carduelis cannabina macho.
Entre los muros de la antigua cetárea de Rinlo hay una especie que nunca falla, con su aflautado canto y su –ahora- vistosa librea. Siempre en lo alto de rocas y atalayas, los colirrojos tizones son una de esas especies que nos suelen acompañar en los acantilados mientras seguimos aves marinas. A veces su comportamiento me recuerda a un petirrojo de paredes, con la misma curiosidad que el Erithacus, pero con una destreza para desenvolverse entre las rocas nada usual. Si, como alguien dijo una vez, el roquero solitario es el mirlo del pedrero, el Phoenicurus ochruros debe ser una suerte de petirrojo de las grietas.

Phoenicurus ochruros. Sus placas alares están en estas fechas en su máximo esplendor.
Después de un par de horas el reloj marcaba las 18:30 h., así que decidí marcharme hacia la ría de Foz para seguir las evoluciones de los cisnes cantores. El pasado sábado Ricardo Hevia y yo sólo encontramos 4 aves de las 8 presentes días atrás ( véase aquí), y este lunes menguaron ya a tres. Ayer martes ninguno, el calor los ha llamado a irse al norte, a su norte.
Pero mientras marchaba buscando el coche un buen bando de verderones y pardillos decidieron retenerme por unos minutos luciendo los machos sus vistosos colores. No podía perdonar semejante atrevimiento, así que cuelgo este verderón.

Carduelis chloris.
¡¡ Qué bonitos son los fringílidos !!. Y que magnífico sitio para el pajareo son Rinlo y Os Meirengos. Quien sabe cuantas sorpresas nos deparará esta nuestra rasa gallega, a la que deberíamos –de verdad- cuidar un poquito más. Sobre estos prados de Rinlo todavía pende una espada de Damocles en forma de piscifactoría.
No lo permitamos.
Decía yo antes de este desahogo que, siempre que puedo, me escapo a este mágico lugar, en concreto al amplio mosaico de fincas a caballo de la parroquia de Rinlo y el lugar de Meirengos, con la punta Corveira al frente. Más allá de Ortegal, es mi lugar fetiche, por qué no admitirlo.
Y eso que todavía estoy a la espera de esa megarareza en forma de passeriforme que sé algún día caerá. Al tiempo…
Las prisas no me apremiaban el pasado lunes, así que mi idea era la de patear por espacio de un par de horas las pistas que bordean las fincas, disfrutando de una soleada tarde primaveral que se gustaba a si misma como hacía semanas que no lo hacía. Pronto me di cuenta de que la cosa se presentaba ociosa.
Tras colgar los prismáticos al cuello, montar trípode y telescopio al hombro y, por supuesto, preparar la cámara (por si las moscas) empiezo la caminata, envuelta la atmósfera de un extraño silencio. La explicación a este mutismo y el primer sobresalto tardaron sólo 50 metros en cruzarse –nunca mejor dicho- en mi camino.
Una potente hembra de gavilán y quien escribe nos sorprendimos a lo unísono al toparnos de bruces -a escasos 6-7 metros- mientras el accipítrido se merendaba en el suelo una suerte de Sturnus unicolor o Turdus merula macho que no di a distinguir. La rapaz, que estaba afanada en la pitanza de espaldas a mi, no me oyó llegar y yo, torpe de mi, no reparé en su presencia.
Salió pitando, pero sin saberlo la cosa se le iba a complicar sobremanera; desde una torre eléctrica una pareja de Falco tinnunculus vigilaba su feudo y, a esos sí, yo los había visto. Instintivamente alcé la vista para ver como respondían los cernícalos al intruso, pero por aquel entonces el macho de la falcónida ya caía como un rayo sobre el gavilán que, sin beberlas (que no comerlas) se encontraba en medio de una guerra a la que nadie lo había invitado. La hembra de cernícalo advirtió en la segunda pasada seria, saldada con algunas plumas arrancadas.
La trayectoria del Accipiter nisus tenía como parada y fonda un bosquete de eucaliptos distante unos centenares de metros en el horizonte, con dirección a los cuales ya había señalado el rumbo. Y a la tercera se armó el belén.
La rapaz azul y roja cual culé, con una energía como yo nunca había visto en esta especie, se abalanzó sobre la espalda del gavilán y clavó sus garras en su dorso con inquina. La altura de vuelo de la tripleta (mirlo/estornino, gavilán y cernícalo) descendió casi hasta rozar el verde, una nube de plumas saltaron por lo aires, y con paquete y mochila al lomo aguantó el accipítrido el tipo como buenamente pudo por espacio de unas eternas decenas de metros. Luego el cernícalo dio la guerra por finalizada, una corneja negra llegó tarde a la diversión y, el perjudicado protagonista, fue capaz de alcanzar la foresta -no exento de dificultades- sin desprenderse de la merienda. Impresionante.
Después de semejante escena –de la que en parte me sentía desencadenante- los campos comenzaron a recobrar sus sonidos. Alondras en vuelo suspendido, fringílidos por doquier, acentores encaramados en las zarzas… Primavera, vaya.
En su lugar de siempre tiento a las Bisbitas de Richard, levantando 4 ejemplares, de las que una –muy curiosa- se deja fotografiar a placer.

Anthus richardi. Vigilante ejemplar presente en Rinlo.
Tras unos cortos vuelos sobre mi cabeza acaban por descender a su prado predilecto, donde las dejo en paz.
Giro de 180 º para mirar al mar, donde localizo una balsa de no menos de 66 Puffinus puffinus, acompañadas por alcatraces, gaviotas, etc… De fulmar ni rastro, por supuesto. En la Pena dos Corvos, un Phalacrocorax carbo con su lustroso plumaje estival acompañaba a 7 Phalacrocorax aristotelis, tres de ellos anillados por lo compañeros asturianos en las próximas islas Pantorgas.

Phalacrocorax carbo y joven P.aristotelis, este último anillado como "PX".
Tuve la posibilidad de leer los tubos PVC rojos de dos (un joven “PX” y un adulto “JV”) pero el tercero, soleándose tumbado sobre la roca, no me facilitó la tarea. En los tojales cercanos las persecuciones entre pardillos denotaban el nivel hormonal de los animalillos, alguno como el de abajo, llegando a desafiarme.

Carduelis cannabina macho.
Entre los muros de la antigua cetárea de Rinlo hay una especie que nunca falla, con su aflautado canto y su –ahora- vistosa librea. Siempre en lo alto de rocas y atalayas, los colirrojos tizones son una de esas especies que nos suelen acompañar en los acantilados mientras seguimos aves marinas. A veces su comportamiento me recuerda a un petirrojo de paredes, con la misma curiosidad que el Erithacus, pero con una destreza para desenvolverse entre las rocas nada usual. Si, como alguien dijo una vez, el roquero solitario es el mirlo del pedrero, el Phoenicurus ochruros debe ser una suerte de petirrojo de las grietas.

Phoenicurus ochruros. Sus placas alares están en estas fechas en su máximo esplendor.
Después de un par de horas el reloj marcaba las 18:30 h., así que decidí marcharme hacia la ría de Foz para seguir las evoluciones de los cisnes cantores. El pasado sábado Ricardo Hevia y yo sólo encontramos 4 aves de las 8 presentes días atrás ( véase aquí), y este lunes menguaron ya a tres. Ayer martes ninguno, el calor los ha llamado a irse al norte, a su norte.
Pero mientras marchaba buscando el coche un buen bando de verderones y pardillos decidieron retenerme por unos minutos luciendo los machos sus vistosos colores. No podía perdonar semejante atrevimiento, así que cuelgo este verderón.

Carduelis chloris.
¡¡ Qué bonitos son los fringílidos !!. Y que magnífico sitio para el pajareo son Rinlo y Os Meirengos. Quien sabe cuantas sorpresas nos deparará esta nuestra rasa gallega, a la que deberíamos –de verdad- cuidar un poquito más. Sobre estos prados de Rinlo todavía pende una espada de Damocles en forma de piscifactoría.
No lo permitamos.
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